viernes, 26 de junio de 2026

La "patria de los hombres íntegros"


Bodegón sobre una mesa de madera que muestra un mapa antiguo de Burkina Faso con anotaciones lingüísticas, un libro abierto titulado «LITERATURA Y VIAJE» bajo una lupa de bronce, y un cuaderno envejecido con la inscripción manuscrita «La patrie des homes intègres», junto a una pequeña avioneta de juguete y una pluma estilográfica.

Patria de los hombres íntegros es la traducción, más o menos literal, de Burkina Faso. Este país del África occidental adoptó su nombre el 4 de agosto de 1984, cuando su gobernante autócrata Thomas Sankara cambió oficialmente la denominación colonial del país, Alto Volta, por la de Burkina Faso.

El término está compuesto por dos palabras de las dos lenguas autóctonas más habladas y extendidas del país con la finalidad de cohesión nacional. La palabra burkina proviene del mossi (mooré), mientras que faso procede del diula (yulá). La primera significa persona u hombre íntegro, honesto, orgulloso, recto, persona de honor, incorruptible (referido a alguien que no se deja corromper), hombres íntegros o comunidad de personas honestas. La segunda significa patria, casa del padre, casa paterna, país, territorio, tierra natal. Así, la palabra compuesta toponímica resultante, Burkina Faso, significa Patria de los hombres íntegros (haciendo un uso androcéntrico o genérico de la palabra burkina [personas]).

Pero lo más curioso y sorprendente lingüísticamente es el uso que se hace del gentilicio y que introdujo también Thomas Sankara. Se trata del sufijo plural -, el cual proviene de una tercera lengua, el fula (fulani, fulfulde), y significa hijos de, personas de, habitantes de, hombres/mujeres. La introducción de este elemento se hizo por dos motivos: uno, por integrar a una tercera lengua usada por otra de las principales identidades del país y, segundo, para tener una traducción literal de hombres y mujeres íntegros. Así pues, burkinabé significa, literalmente, hombres y mujeres íntegros y se traduciría como habitante de la patria de los hombres íntegros, hijo/a de la patria de los hombres íntegros. Dejando atrás la textualidad de la palabra, burkinabé significa habitante de Burkina Faso. Eso sí, en español, y también en aragonés, el gentilicio es burkinés (masc.) y burkinesa (fem.) a pesar de que, frecuentemente, también se usa burkinabé; en catalán se usa burkinès (masc.) y burkinesa (fem.) a pesar de que el Institut d’Estudis Catalans solo reconoce como oficial la forma única de Burkina Faso.

Un mapa de 66 lenguas

En este país africano se hablan, al menos, un total de 66 lenguas autóctonas, según lo recoge el Ethnologue: Languages of the World. Además de estos idiomas nativos también se hablan cuatro alóctonos: francés (considerada una lengua de trabajo); inglés (considerada una lengua de trabajo); árabe (se utiliza principalmente en el ámbito religioso musulmán) y español (lo sabe menos del 0,5% de la población total, pero se trata de un segundo idioma extranjero que eligen muchos estudiantes en la escuela secundaria y en la universidad). Las lenguas oficiales del Estado son el mooré, diula y fula (conjuntamente con el bissa en algunas disposiciones territoriales). Las más habladas y extendidas en el país son el mooré (lo habla, aproximadamente, el 50% de la población); diula (a pesar de que como lengua nativa solo la tiene entre el 1% y el 3% de los burkineses, realmente funciona como la gran lengua comercial en la zona oeste del país, por lo que mucha población la ha adoptado como segundo idioma); fula (hablado por entre el 8% y el 9,4% de los habitantes) y el bissa (entre el 3,3% y el 3,56% según el censo nativo). El francés lo sabe hablar entre el 23% y el 24,5% de la población burkinesa, según la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), sobre todo en las zonas urbanas.


El puente de la palabra y el tiempo elástico


Esta densidad cultural transforma la experiencia del viaje en una inmersión filosófica. Ryszard Kapuściński (1932-2007), historiador, periodista, escritor y uno de los corresponsales más destacados del siglo XX, aseveró que “Nada tiende un puente entre las personas en África de forma más rápida que una risa compartida” (Ébano, 1998) refiriéndose a mercados de lugares como la capital burkinesa, Uagadugú. Kapuściński, quien viajó a través del Alto Volta (Burkina Faso) principalmente en las décadas de 1960 y 1970, fue corresponsal de la Agencia de Prensa Polaca (PAP, Polska Agencja Prasowa) y pasó muchos años recorriendo el continente africano, de manera intermitente, entre 1957 y 1994.

Este políglota polaco, considerado, a menudo, por los periodistas como santo patrón de los corresponsales y reporteros internacionales (el patrono oficial de los periodistas y escritores es San Francisco de Sales), consideraba que “el europeo está convencido de que el tiempo funciona independientemente del hombre, de que existe por sí mismo [...] El africano ve la cosa de manera totalmente distinta. Para él, el tiempo es una categoría mucho más elástica, abierta, fluida y subjetiva. Es el hombre el que influye en las dimensiones del tiempo, en su curso y en su conducta (el hombre entendido, está claro, como ser provisto de fuerza, con la ayuda de los antepasados y de Dios). El tiempo es, incluso, algo que el hombre puede crear”. Ébano (1998).

Nos salva el lenguaje de los gestos, las mímicas de las caras, las sonrisas

Asimismo, refiriéndose a Ghana, primer país africano que pisó Kapuściński y, concerniendo al tema lingüístico, escribió que “Al principio, entre un africano y yo se yergue una barrera difícil de superar: no es la de la raza, sino la de la lengua. El conocimiento del inglés por parte de los habitantes de un poblado del interior suele ser nulo, y el de mi dialecto fanti lo es más todavía. Nos salva el lenguaje de los gestos, las mímicas de las caras, las sonrisas. El hombre de aquí sabe sonreír con gran belleza, una sonrisa que desarma, que transmite amistad y paz”. Ébano (1998). Aunque biológica y científicamente está claro que no existen las razas humanas, sino que todas las personas conformamos una sola especie o raza humana (la variación genética entre cualquier persona del mundo es de apenas un 0.01%), el contraste entre etnias es algo significativo, sobre todo cuando se trata de poblaciones humanas separadas en lo lingüístico, cultural y geográfico. Este contraste no es, en absoluto, algo negativo, más bien lo contrario, se trata de unas diferencias que nos enriquecen a todos y que fascinan a todo viajero, aventurero, cooperante o voluntario que se precie.

martes, 23 de junio de 2026

Cerrando etapas, abriendo fronteras



A veces, el silencio no significa estancamiento, sino preparación. Tras diez meses de desconexión en este espacio, he estado concentrado en cerrar frentes, reorganizar prioridades y tomar decisiones clave para mi futuro. Durante este tiempo, he seguido canalizando mi compromiso social a través de Protección Civil, una experiencia que mantiene conectada la acción comunitaria. Sin embargo, he decidido abrir una nueva frontera y retomar mi participación en proyectos de cooperación internacional centrados en el apoyo a las personas más vulnerables.

Esta nueva etapa me devuelve a una lid justa y necesaria y me llevará, de nuevo, a colaborar sobre el terreno durante unos meses. Aunque las condiciones del entorno exigirán adaptabilidad y la comunicación no siempre será sencilla, el propósito principal es sumar esfuerzos allí donde el apoyo es más necesario, antes de reincorporarme a mis proyectos profesionales.

Regresar a la cooperación internacional es, en el fondo, una forma de alinear mis valores personales con mi camino profesional. Este paso no significa renunciar a mis causas de siempre; mantengo firme mi compromiso con Aragón y seguiré trabajando por la defensa de la lengua aragonesa así como por los intereses de nuestra comunidad autónoma. Sé que ahora se abre un período de intenso remoce, pero tengo la certeza de que abrir estos lindes es el paso natural hacia una congruente trayectoria vital. Eso no significa renunciar a nada, antes todo lo contrario, se trata de concertar los retos profesionales con el necesario contrato con la ecúmene. 


domingo, 17 de agosto de 2025

“Una lengua es un dialecto con un ejército y una marina”



Publicado en el diario La Comarca (Periódico del Bajo Aragón Histórico) hoy, 17 de agosto de 2025.


Una lengua es un dialecto con un ejército y una marina

¿A qué llamamos lengua y a qué llamamos dialecto? ¿Qué es una modalidad lingüística propia? ¿Y una variedad dialectal? ¿Qué es la lengua materna? ¿Es lo mismo lengua que idioma? ¿A qué nos referimos con el término habla? Si todo estuviera tan claro no existirían tantas expresiones para referirse a la lengua hablada por las diferentes comunidades lingüísticas. De todas las definiciones posibles, me quedo con la que a mediados del siglo pasado dio el lingüista Max Weinreich, quien a su vez la tomó de lo que le dijo un asistente a una de sus conferencias: “Una lengua es un dialecto con un ejército y una marina”. Y es que para que un dialecto se convierta en idioma no se necesita más que voluntad política. Así ha sido siempre. Los vaivenes de la filología, nos guste o no, siempre han sido por motivaciones políticas. Llegados a este punto, considero pertinente recordar al lingüista estadounidense Noam Chomsky, padre de la gramática generativa, profesor emérito de Lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y reconocido con el título de doctor honoris causa por multitud de Universidades, entre las que se encuentran la Universidad de Londres, la Universidad de Chicago, la Universidad de Harvard, la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Nacional Autónoma de México o la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. Chomsky, en una entrevista publicada en el diario ABC el 28 de octubre de 1998 y, frente a la pregunta de “¿Qué opina de que en los conflictos lingüísticos opinen los políticos?”, afirmó que “Los científicos no tienen nada que decir sobre esto, tampoco los políticos pero sí el pueblo, que es el que usa el lenguaje”.

También el filólogo Eugen Coșeriu (Eugenio Coseriu), que fue presidente de la Sociedad de Lingüística Románica entre 1980 y 1983, se había expresado ya en unos términos parecidos: “La lengua funciona por y para los hablantes y no por y para los lingüistas”. El que fuera catedrático de la Universidad de Oviedo y miembro de la Real Academia Española y de la Academia de la Llingua Asturiana, Emilio Alarcos, en su discurso de aceptación e investidura como doctor honoris causa por la Universidad de Valencia en 1996, aseveró que Los dueños de las lenguas son sus usuarios y nunca los que desde el poder pretenden encauzarlas, imponerlas o desarraigarlas”. Asimismo, en su exposición, este romanista se refirió a los problemas de los contactos entre lenguas, y afirmó que “Las modalidades contiguas se asemejan. A veces los vecinos procuran exagerar las diferencias entre sí. Otras, algún vecino pretende asimilarse a otro. No hace falta recurrir a ejemplos. Lo sensato será ajustarse a la convivencia. Por ello, repito lo que tantas veces llevo dicho: que hay que dejar que las lenguas sigan el curso que inconscientemente quieran sus hablantes. Y lo que sea sonará”. Incluso Miguel Delibes, según refiere el periodista Juan Cruz, dijo en 2009 que "La lengua nace del pueblo; que vuelva a él, que se funda con él porque el pueblo es el verdadero dueño de la lengua".

Así pues y, en esta coyuntura, ¿quién tiene autoridad para dictaminar que gallego y portugués son una misma lengua? ¿Quién tiene la potestad de negarle dos estándares al noruego? ¿Son el sueco, danés y noruego una misma lengua porque tienen inteligibilidad entre sí? ¿Y el feroés y el islandés? ¿Existen multitud de lenguas chinas porque el país asiático tuvo que optar por el mandarían como lengua franca para que sus ciudadanos pudiesen entenderse? ¿Provenzal y catalán son lenguas distintas? ¿Serbio y croata son una misma lengua o bien son idiomas diferentes? ¿Quiénes pueden decidir sobre el eonaviego? ¿Quién puede sentar cátedra sobre a fala en Extremadura? ¿Es el mirandés un idioma? ¿Bajo alemán y holandés son lenguas diferentes? ¿Checo y eslovaco han sido una misma lengua? Después de todas estas consideraciones, ¿quién puede defender las denominaciones de alemán y bajo alemán y rechazar la de aragonés oriental? ¿Qué criterios se pueden seguir para aceptar las denominaciones de bable para el asturiano o patués para el benasqués y negar el derecho de los hablantes a utilizar el glotónimo de chapurriáu (chapurreat o chapurreao) para referirse a la lengua propia hablada en la zona oriental de Aragón? ¿Quién puede hablar de asturleonés, navarroaragonés e incluso gallegoasturiano pero censurar el uso de aragonés oriental? La lengua es de sus hablantes, no al revés. Y son los hablantes los que deben decidir sobre su propia lengua y, aunque resulte una obviedad, son los hablantes de una lengua los únicos que están legitimados para nominar a esta sin claudicar ante denominaciones exónimas.

Autor: Héctor Castro



 


domingo, 26 de enero de 2025

Juan Antonio Lleida Forradellas presenta "Las Casas y la Chèn d’Azanuy y Alíns"

azanuy

Juan Antonio Lleida Forradellas presentó en Azanuy este pasado miércoles, 22 de enero, su libro Las casas y la Chèn d'Azanuy y Alíns en el marco de la XLVI Semana Cultural de la localidad. En la presentación participó también el periodista literano Héctor Castro. A lo largo de las 378 páginas del libro el autor hace una labor muy minuciosa para documentar todas las casas de Azanuy y Alíns desde 1800 hasta la actualidad. Así pues, estamos ante un libro que destila historia y que hace un repaso a las casas de los dos pueblos y su ubicación, así como a aquellos que las habitaron y habitan en la actualidad. El libro es una publicación bilingüe en castellano y en la modalidad lingüística aragonesa propia de Azanuy. Por ello, los amantes de la dialectología tienen aquí una rica fuente documental del habla azanuyense.

Pero el autor ha querido ir más allá y, así, hace también un repaso a la historia del pueblo y de algunas de las personas más destacadas desde tiempos remotos. Las fiestas, asociaciones y, en definitiva, la idiosincrasia de los vecinos están también presentes en este volumen. El fotógrafo Lorenzo Charlez ha sido el autor de las instantáneas del libro.

A Juan Antonio todos lo conocen en su municipio. Aun así, haremos un breve repaso a su biografía. Nació el 22 de marzo de 1944 en Azanuy. A la edad de 12 años lo pusieron a trabajar con Politón, panadero del pueblo. A los 16 años fue a trabajar a Barbastro también de panadero. Después de hacer el servicio militar en la propia capital del Somontano, se trasladó a Barcelona, donde entró a trabajar en la Diputación Provincial. Más tarde pasó a trabajar en la Tesorería de la Seguridad Social hasta su jubilación y, a partir de entonces, su vida la ha compartido con Azanuy, el pueblo que lo vio nacer y que siempre lleva en su corazón. Juan Antonio ha sido una persona autodidacta que se ha empapado de la historia de su tierra. Como buen autodidacta es una persona con muchas inquietudes. Basta con recordar que durante 30 años ha sido guía de excursiones de montaña en la sección de Montaña del Club Natació Sant Andreu.

De izquierda a derecha: Lorenzo Charlez y Juan Antonio Lleida

El libro presentado el miércoles es un auténtico regalo para el pueblo, es una auténtica joya que muchos quisiéramos para nuestros municipios. Hay una máxima que dice: “Quien pierde sus raíces, pierde su identidad”. Y está claro que, en este caso, afortunadamente, es todo lo contrario. Enhorabuena, Juan Antonio, por el trabajo realizado, y ojalá que todos ustedes disfruten de esta obra que nace por y para Azanuy y Alíns.

juan antonio lleida