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| Lazaar escanciando el té |
Cuando cae la noche en la maison salimos con
los colegas del barrio a tomar el té en la calle. Se trata de un encuentro donde socializar
mientras se lleva a cabo el genuino ritual del té del África occidental, que
puede presentar pequeñas variaciones de un lugar a otro. No se trata
simplemente de tomar una infusión, sino que hay todo un ceremonial para ello
que puede alargarse por espacio de dos o tres horas.
Normalmente,
Lazaar saca un hornillo metálico de carbón muy rústico, pero muy coqueto. O
bien él, o bien Moustapha son quienes ponen las ascuas en el
anafe para, acto seguido, encender el carbón sirviéndose de pequeños trozos de
papel o cartón previamente encendidos. No siempre es fácil que el carbón
vegetal prenda. Cuando ya hay brasas se coloca una pequeña tetera con agua en
el hornillo, y se espera unos minutos antes de añadirle el té (a veces también
se agregan unas hierbas). Cuando la infusión está hirviendo adquiere un color
muy oscuro y un sabor muy amargo, por lo que se le añade azúcar. Luego se saca
la tetera del hornillo y se vierte el líquido del recipiente a un vaso grande
de plástico y viceversa y, todo ello, desde una altura considerable que alcanza
el medio metro. Este vertimiento se hace por dos razones, para enfriar la
bebida y para crear la espuma del té. Seguidamente se vuelve a colocar la
tetera en las brasas del hornillo y, al cabo de unos minutos, se vuelve a
repetir la acción del vertido. A continuación, se va sirviendo el té en unos
vasitos de cristal muy cucos y de poca altura que están depositados en una
bandejita de metal, la cual se va pasando de unos a otros para que cada uno
coja su correspondiente cubilete. Estamos ante la primera ronda del té, que
presenta un sabor asaz amargo. Desde el comienzo del ritual hasta servir estos
primeros vasos pueden haber transcurrido, tranquilamente, 40 minutos.
Todos se beben el té en cuatro o cinco
tragos bastante seguidos, excepto yo, que lo encuentro excesivamente acibarado
y ¡me cuesta diez minutos acabar el último sorbo!
Una vez vaciados los vasos, se repite la
misma dinámica de preparación del té pero sin sobrepasar los 25 minutos y
añadiendo más azúcar. Mientras tanto, con el agua de una garrafa se lavan
exhaustivamente los vasos, ya que no solo se pueden reutilizar para los que ya
han bebido, sino para aquellos que van apareciendo a lo largo de la noche. En
esta ocasión, la bebida resulta más dulce y equilibrada, aunque no para mí, que
la sigo encontrando demasiado amarga.
Aún queda una ronda, por lo que se
vuelve a preparar la infusión pero, esta vez, se añade más agua y azúcar. El
resultado es un té ligero y dulce (yo lo sigo encontrando algo amargo, será
porque me gusta más lo azucarado) que, algunos, esta vez se lo toman de un
sorbo.
Durante todo este ritual, que puede alcanzar las tres horas, la gente habla de las cosas cotidianas, del día a día, de fútbol, de apuestas hípicas, del trabajo… combinándolo con silencios cómodos y risas compartidas pero, en ocasiones, también con discusiones acaloradas que no pasan de una apasionada dialéctica. El grupo va variando, normalmente es un corro de 5 o 6 personas pero que va disminuyendo o aumentando a lo largo de la noche. Las charlas suelen ser muy reposadas y, aunque las combinan con un uso exacerbado del móvil, rompen completamente con las dinámicas de estrés y prisas de Occidente.











