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| Ouaga (Uagadugú) |
Eso es lo que se necesita llevar en la mochila
para viajar a Burkina Faso. Hay lugares que te hablan a través de sus miradas y
de sus colores. Este pequeño país del África occidental es uno de ellos. Adentrarte
por los recovecos de su capital, Uagadugú, y fusionarte con sus gentes te
proporciona una experiencia vital profunda más allá de las figuraciones
estereotipadas. Acompasar tus manos de nasaara
(persona blanca, en el idioma local moré) con las de los burkinabeses para
levantar proyectos o cargar pesos cotidianos forja una simbiosis
inquebrantable. Los uagadugueses, hombres y mujeres, tienen las manos ásperas y
curtidas desde niños no solo por sus trabajos, sino también por la dureza de
sus tareas y quehaceres diarios. Es importante venir al Sahel con las manos
preparadas para bregar intensamente bajo un vehemente sol que solo se apacigua
con las tormentas estivales.
Los viajeros que decidan sumergirse en la
idiosincrasia del país deben ser conscientes de que, a veces, los elementos
adversos se pueden presentar de manera repentina y hay que reaccionar con
aplomo y ecuanimidad y no dejarse llevar por impulsos imprudentes o reacciones
desazonadas fruto de la ansiedad. Soy de los que piensa que la vida no se mide
por números, sino por la intensidad con que vives cada momento. Aquí
descubriremos parámetros a los que no estamos acostumbrados, pero eso no tiene
que ser óbice para adentrarnos en una cultura que nos abre sus puertas desde que ponemos un pie en su territorio. Asimismo,
si centramos el tiro en el reporterismo, un buen cronista (tal y como se estila
en el Foro Calidad Patrimonio Cultural)
no solo debe llevar una pluma y un dispositivo de captura de imagen, sino
también el anhelo de captar y mostrar las diferentes realidades y la capacidad
de reacción ante las contingencias que puedan sucederse.
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| Ouaga (Uagadugú) |
Y ¿qué hay de la parte humana? Nos reciben unas gentes excepcionales y asazmente acogedoras. Debemos ser recíprocos y ofrecer nuestro afecto y generosidad sin caer nunca en una conmiseración que este pueblo no necesita. Es un pueblo orgulloso, forjado a sí mismo y con un futuro que ya comienza a fraguarse en el presente. Así que, corazones abiertos, no solo para intercambiar miradas afectivas, sino para contribuir, desde un plano de igualdad, a la mejora comunal; corazones abiertos para brindar nuestro cariño a unos niños que disfrutan de una infancia demasiado corta y corazones abiertos para estimar a unas personas que, a pesar de la situación política, las crisis institucionales y pronunciamientos en la región del Sahel y una guerra que asola el país, no abandonan su territorio ancestral.

